“Hombres, Mujeres y Niños” (2014) – Jason Reitman

CRÓNICA DE UN PRESENTE ANUNCIADO

La vida humana ha pegado un vuelco, un giro precedido por la llegada de la cada vez más avanzada tecnología. Las diferentes y modernas innovaciones se han introducido de manera progresiva pero irreversible en nuestro día a día, transformándolo y dándole un cariz que hace tan sólo unas décadas ni nos habríamos imaginado. Somos (queramos o no) una sociedad controlada por la información que nosotros mismos damos a nuestro entorno a través de las redes sociales, internet y el resto de medios de comunicación. “Hombres, mujeres y niños” es un reflejo de ello, una película de realidad aumentada, pues mientras la ves, no puedes evitar observar como a tu alrededor, tus compañeros de butaca interaccionan con los avances tecnológicos del mismo modo que lo hacen los protagonistas del film, haciéndote cuestionar muchas cosas. Cosas nada agradables, por otro lado, pues nos hace reconocer y claudicar ante la dolorosa evidencia de que somos tan dueños de nuestros datos tanto como lo somos del universo.

“Hombres, mujeres y niños” es ante todo una crónica del presente humano, del pasado olvidado y del futuro incierto. De lo que somos, fuimos y quién sabe si seremos. Para relatarlo, el director se rodea de un elenco de personajes que van desde la adolescencia a la madurez, edades que más adolecen de las maldades (o mal uso) de internet. Sin profundizar en exceso en los oscuros mundos de las redes, ya sea por desconocimiento o cobardía, la película nos hace un recorrido por la peligrosa cotidianidad en que nos vemos inmersos, en la que la analogía entre internet y el espacio está siempre presente, dejando siempre el poso, la verdad, que sin duda es el mejor mensaje de la película: somos demasiado pequeños para algo tan grande.

Sexo, mentiras, violencia, extravagancia y abuso son el típico cúmulo de ingredientes que sazonan amargamente los círculos en que los protagonistas del film se mueven, emponzoñando sus relaciones y deteriorando su capacidad de empatía con el mundo real y las personas que lo conforman. Los adultos por ignorancia y los jóvenes por atrevimiento acaban enredados en una telaraña de comunicación que les aliena y les destruye, pero que les introduce más y más en ella, formando un círculo vicioso del que no pueden escapar.

El film no es sino una empresa demasiado ambiciosa para un director que en otro tiempo pudo abarcarla, pero que hoy por hoy, ha perdido la chispa, el duende, para hacerla pasar de la mera anécdota en que queda, a convertirla en un film de culto como lo son antiguos títulos de su filmografía como “Gracias por fumar” (2005) o “Juno” (2007). “Hombres, mujeres y..” puede ser considerada más un punto y aparte en la carrera del realizador que un paso hacia delante o hacia atrás del mismo, pues aunque conserva el espíritu crítico y provocativo de obras anteriores, pierde el delicioso humor negro para envolverlo con una pátina de melodrama que poco bien le hace.

Con todo y con eso, la película sorprende gratamente con la elevación de algunos sentimientos humanos como último bastión ante el avance del mecanismo que impera en la “nube”. Y es que la revolución no será televisada, pero tampoco transmitida por internet.

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3 Comentarios

  1. Hasta llegar a la octava línea de tu crítica no entiendo de qué “avanzada tecnología” estamos hablando. Con ello consigues que tu texto parezca radicalmente tecnófobo, lo que implicaría tanto un rechazo a la máquina de vapor como a la luz eléctrica.

    Más adelante, logro entender de qué va esta película que yo no podré ver hasta el próximo miércoles: de la erosión de la empatía en tiempos de redes sociales y dispositivos móviles. Creo que tendrías que haber sido más concreto ya haber empezado por ahí, porque, también, expresiones como “oscuros mundos de las redes” parecen ofrecer una imagen reaccionaria de ti que, seguro, tiene muy poco que ver con la realidad, desde el momento en que, ahora mismo, tú y yo nos estamos comunicando civilizadamente a través de los, asimismo, luminosos mundos de las redes.

    Tampoco es Jason Reitman un director con tanta trayectoria a sus espaldas como para levantar acta oficial de su decadencia con frases como “El film no es sino una empresa demasiado ambiciosa para un director que en otro tiempo pudo abarcarla, pero que hoy por hoy, ha perdido la chispa”. ¡¡Demonios, que Reitman sólo lleva dos películas discutibles seguidas como para que nos apresuremos a enterrarlo ya!!

    Fíjate también en lo rara que te ha quedado esta frase: ” el director se rodea de un elenco de personajes que van desde la adolescencia a la madurez, edades que más adolecen de las maldades (o mal uso) de internet”. De la adolescencia a la madurez es un tramo demasiado amplio como para que luego digas edades (como si fueran unas pocas: sólo te has dejado fuera de cuadro a la tierna infancia). Me da la impresión de que el verbo “adolecer” tampoco es el más apropiado aquí: hubiese ido mejor el verbo “sufrir”.

    De todos modos, entiendo las pegas que encuentras a la película y me formo una idea de su contenido. Aquí te hubiese pedido más concreción y capacidad de síntesis y, también, una cierta templanza a la hora de condenar a Reitman de manera tan rotunda.

    un abrazo,

    jordi

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  2. No había leído aún nada sobre esta nueva cinta de Reitman, así que gracias por introducirla en el blog. Hace unos días estuve en la presentación del libro “Las caras de la noticia” en el que Esther Cervera recopila las conversaciones que Canal Plus tuvo con las grandes figuras de los informativos de nuestro país desde el comienzo de la televisión en España – muy recomendables libro y serie- y se habló bastante del tema de Internet y de las redes sociales, de la privacidad que nos permiten o no, y de cómo se consumirán las noticias en el futuro. Me parecen temas fascinantes que aún no dominamos, que van a guiar nuestras vidas- ya lo hacen en algunos casos-, y sobre los que tenemos mucho que aprender. Estoy deseando verla. Gracias por tus comentarios y estoy de acuerdo con Jordi sobre todo en lo de que “no entierres a Reitman todavía”.
    Abrazos,
    Pilar

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