LA DÉCIMA CARTA. VIRGINIA GARCÍA DEL PINO. A vueltas con el retrato fílmico.

 

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Como si de un encargo a medida se tratara, no se podía encontrar mejor inauguración del presente Festival Online Márgenes, que el que ha tenido este año, presentando en primicia -aunque ya se había visto este año en el Festival de Cine de San Sebastián- el último trabajo de Virginia García del Pino: La décima carta (2014). Un homenaje a la vida y obra de Basilio Martín Patino, director salmantino conocido por sus películas transgresoras y rabiosamente actuales como Canciones para después de una guerra (1971) o Queridísimos verdugos (1977).

Decimos esto, porque si nos remontamos al certamen del año pasado la figura homenajeada en aquella ocasión, fue precisamente Patino, figura representativa donde las haya, de un cine realizado en los ‘márgenes’ más extremos que uno se pueda imaginar a casi todos los niveles: económicos, sociales, políticos, ideológicos, técnicos y estéticos, comenzando su carrera en la España franquista y realizando films hasta la actualidad.

La seña de identidad que ha marcado y marca su obra, desde Nueve Cartas a Berta (1966) -teniendo que lidiar con la feroz censura de la época-, hasta su última obra  Libre te quiero (2012) -uno de los retratos más certeros de lo que fue el movimiento 15M en su plena efervescencia-, ha sido siempre su libertad creativa por encima de todo. Algo que tenía muy claro, Virginia García del Pino al embarcarse en el proyecto que nos atañe. Pero resulta sintomático que la directora catalana se sube a ese tren de ‘libertad creativa’ de una manera muy particular sin dejar al espectador indiferente.

García del Pino con una amplia trayectoria fílmica en el terreno experimental, ya he estado presente en anteriores ediciones de Márgenes, como el caso de su película El Jurado (2012) una visión particular e intimista de la imposibilidad de reflejar en la pantalla cinematográfica ciertos hechos, con los que trata el ser humano en su día a día. ¿Cuál es la verdad en un juicio? Por ejemplo, un hecho tan etéreo pero a la vez tan cierto como éste, inspira a la directora barcelonesa a repensar grabando a un jurado popular. A partir de un elemento propio del cine como es el zoom máximo de una cámara digital, busca el interior de cada uno de los personajes intentando con él, adentrarnos en las emociones de los protagonistas. Resultan fundamentales estas claves para poder llegar a entender la obra de García del Pino y, por supuesto para el caso que nos ocupa La décima carta, su último trabajo hasta la fecha.

Es incuestionable que la directora a la hora de abordar un ‘retrato cariñoso’, como ella misma comentaba en la presentación del film, de la figura de Basilio Martín Patino, no iba a realizar un documental al uso sobre la vida y obra del director salmantino. Dicho lo cual, el espectador espera expectante esa ‘otra forma de ver’ la vida de un personaje afamado. Siendo un trabajo fresco, -rozando lo amateur en algunos momentos- que huye de tópicos y clichés manidos -sólo debemos recordar el biopic hecho sobre la figura de Woody Allen recientemente, dónde el director americano aparece como un mesías venido a este mundo para hacernos reír-, realmente el film de Virginia, no va más allá, a pesar de tener unos puntos discursivos envidiables. Caso irreprochables, sería la introducción que hace la directora  en el día a día de Basilio con todo lo que eso conlleva. Por un lado, tener acceso a toda la información que desee, ya que salta a la vista que entre la directora y el protagonista la complicidad es evidente, pero también hacer frente a los problemas de memoria que tiene Patino, a los que constantemente se alude y que deja momentos de profunda nostalgia muy difícil de retratar de una manera tan directa.

Pero sin embargo, el espectador sale de la sala de cine, con una mezcla de sentimientos, complejos de descifrar, aunque bien podría resumirse en una sensación de desaprovechamiento de la oportunidad que ha podido disfrutar García del Pino.

Si bien se realiza un retrato de Basilio, acertado en lo que a nivel estructural se refiere, las vivencias de Patino son contadas como cartas a una supuesta Berta, receptora del diario del director salmantino, incluida la décima final, -que no revelaremos-, el mismo espectador acaba perdiéndose en tanta casualidad y hecho del azar. Se llega a hartar de tanta improvisación y hecho fortuito que deja fuera, sin remedio, asuntos de vital importancia, anécdotas y chascarrillos que el espectador ávido de curiosidades, desearía por encima de todo le desvelaran, dejando patente que Virginia no ha sabido pulsar los botones que hagan de  resorte para los mismo. Si bien es cierto, que según Virginia en la presentación de su film comenta que es una ¿película con Patino y no sobre Patino’, la forma de actuar de ella con su protagonista cae en lo condescendiente quitando rigor en algunas ocasiones a lo narrado.

Ligada sin duda por la forma de hacer de León Siminiani, no en vano es coguionista y montador junto con la creadora catalana, la película de La décima carta, es una buena oportunidad para acercarse a la figura de Basilio Martín Patino siendo este film un buen preludio para poder aproximarnos a su obra, si es el caso de que todavía no lo hayamos hecho, e ir abriendo poco a poco cada uno de esos cajones que tantas veces vemos en la film, y ahondar más en los sentimientos y emociones del director salmantino a través de los mismos y hacer un símil con lo que decía Dalí de sus pinturas pobladas de figuras con cajones semiabiertos: ‘representación de los compartimentos del alma.’

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2 Comentarios

  1. “La décima carta” no es precisamente una película fácil de comentar y la verdad es que te has implicado muy a fondo en esta difícil tarea. Creo que no tenemos la misma relación con la película: yo no creo que la estrategia de la directora se resuelva en fracaso, sino que estamos ante una película permeable a los condicionantes y azares de su propio proceso de construcción. Por supuesto, la lucha de Patino con el olvido frustra lo que podría haber sido, pero, al mismo tiempo, crea una paradoja llena de significado el cineasta que tanto rebuscó en la memoria colectiva en las películas que citas se enfrenta ahora al desvalimiento de su propia desmemoria.

    Lo que no acabo de entender es qué “anécdotas y chascarrillos” esperabas de una película que no estaba buscando eso ni mucho menos.

    Te han quedado por el camino algunas frases raras -” Caso irreprochables, sería la introducción que hace la directora en el día a día de Basilio con todo lo que eso conlleva”- y, en propiedad, una película no es presentada “en primicia” cuando ya fue estrenada en el festival de San Sebastián.

    un abrazo.

    Jordi Costa

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