Rancio 2.0

Ninguna industria cinematográfica como la norteamericana ha sido tan dada al sermoneo grandilocuente sobre los peligros que acechan a la moral y las buenas costumbres. Pues ya estaba tardando en aparecer un Manual Para Padres de Nativos Digitales.

Hombres, Mujeres y Niños” (hasta el título parece referirse al amplio espectro de potenciales víctimas de la nueva plaga digital), la nueva película de Jason Reitman, continúa esa tradición. Aquí se trata solamente de dar una leve pátina digital contemporánea a una acumulación rancia de “problemas adolescentes” de ayer, hoy, y el telefilme de sobremesa de siempre (de los embarazos no deseados a la anorexia, de la laxitud sexual a la lucha de clases de instituto, sin olvidar el desprecio por quien no encaja en el status quo quinceañero) y añadir unas cuantas miserias de mediana edad (infidelidad y masturbación como recursos frente a rescoldos de matrimonios agotados, intentos miopes de conseguir para una hija el éxito a toda costa que se le escapó a una madre, progenitoras ultraprotectoras que llevan al límite la famosa frase de Genevieve Bujold en “House of Yes” (1997), “una madre no espía, una madre presta atención”). Todo ello falto de ironía, de reflexión, de GRACIA.

Aquí no falta un lugar común: videojuegos que tienen enganchado al futbolista estrella que decidió colgar el casco, blogs donde colgar fotos inconvenientes de una hija pija con ansias de estrellato, malignas redes sociales que difunden mantras de autoayuda para bulímicas, Facebook convertido en un lodazal de vicio al que una madre bienintencionada debe pasar la fregona a diario, páginas de contactos para facilitar escarceos extraconyugales (no deja de sorprender el product placement de Ashley Madison, un titán del gremio). Todo narrado de manera plana, sosa, chata, más propia de un grandes éxitos de TV movies.

Aquí parece que la misoginia campa por sus respetos, los personajes femeninos son obstinadas madres cibercastradoras o explotadoras de la belleza de sus propios hijos, adolescentes trepas, abusadoras, o directamente idiotas, esposas aburridas que se dejan dar lecciones de moral por un marido tan tramposo como ellas.

Quizá, sólo quizá, nos encontremos ante una de esas películas que con el tiempo se transforman en iconos de cine de madrugada, que nuevas generaciones sepan reírse de su aburrida altanería ética, su falta de sentido del humor, y sus pretensiones de maestro de escuela que acaba de sacarse su primera cuenta de banda ancha. Mientras tanto, y para ver problemas adolescentes contemporáneos tratados con desparpajo, vis cómica (vale, y sangre) me sigo quedando con “All cheerleaders die” (2013). Y el amigo Reitman, que pida ayuda, en su muro de Facebook, obviamente.

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2 Comentarios

  1. Hola, Marcela:

    No he podido ver la película y, por tanto, no puedo discutirla con propiedad. No obstante, tu texto me proporciona una imagen muy clara de lo que es esta película y parece resolver un debate que está presente desde el debut de Reitman con “Gracias por fumar” acerca de su Reitman es o no un director reaccionario. Dejas claro que esta película sí lo es y me gusta mucho la manera en que la troceas en sus decisiones narrativas más reveladoras. Me gusta que te hayas fijado en el product placement de Ashely Madison y me parece que una de las expresiones que usas -“su aburrida altanería ética”- es perfecta para sintetizar tu argumentación en contra de la película.

    Estoy menos de acuerdo en tu decisión de usar la figura del “maestro de escuela” para ilustrar las pretensiones de pontificar de la película: habrá maestros de escuelas así de indeseables, pero conozco a algunos que podrían dar lecciones de humildad y de mirada compleja sobre redes sociales y entornos virtuales a Reitman.

    un abrazo y enhorabuena por el texto,

    jordi

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  2. Parece que esta película no ha gustado nada en la clase, pero nada en absoluto, tu crítica es aún más extrema que la que leímos de Juan Carlos y muy bien argumentada. No pude verla en pantalla grande y Reitman hasta ahora no me ha decepcionado, así que con todos estos comentarios, estoy deseando verla. En cualquier caso, confieso que me molestan las generalizaciones que se hacen de los americanos desde fuera, normalmente tachándoles a todos de poco menos que “tontos”, cuando esa no es la realidad. Gracias Marcela.
    Saludos,
    Pilar

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