Mr. Kaplan: Luchar contra el olvido

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Hace cinco años, los afortunados espectadores del debut en el largometraje de Álvaro Brechner descubrieron en Mal día para pescar una discreta pero bellísima joya que contaba la historia de dos pícaros estafadores de poca monta (uno más más pícaro que estafador, el otro más soñador que otra cosa) que buscaban reverdecer laureles de gloriosos días pasados a costa de una realidad empeñada en demostrarles por activa y por pasiva que eso no iba a ocurrir nunca.

Y Brechner supo cómo contarla. Al guión se unía una puesta en escena en la que nada era porque sí. La luz y la hermosa fotografía, los movimientos de cámara acercándose a sus protagonistas, Jacob Van Oppen y el Príncipe Orsini (Jouko Ahola y Gary Piquer) buscaban y encontraban en sus miradas una historia más allá de la que estuviera por escrito. El pulso del director era firme y aquello, simplemente, fluía.

Mr. Kaplan llega a España con el “Mr” de su título amputado, después de su paso por festivales y con la nota a pie de página de ser la candidata uruguaya al Oscar y también a los Goya. Esta segunda película ratifica que Brechner es buen narrador, se maneja en las distancias cortas y arranca de sus actores sutiles notas que embellecen la ficción. Mr. Kaplan es otra historia de lucha contra la realidad con otros personajes que también buscan dejar huella en el mundo. El miedo al olvido, a irse de este mundo sin haber hecho lo que se estaba llamado a hacer es lo que hace que este otro Jacobo, el señor Kaplan, se embarque en una lucha sin cuartel contra un enemigo que ni siquiera está probado que lo sea y arrastra en su empeño a un pobre diablo, impenitentemente leal y tan perdido que no tiene nada que perder en el embarque.

Definirla como comedia no es exacto puesto que el drama se hace presente a cada momento y no se equilibran quizá porque hay un perenne poso de amargura en el relato. Brechner no obstante no puede cargar las tintas contra sus criaturas más de lo que lo hace y como tampoco puede acariciar el realismo mágico de Mal día para pescar, puesto que ésta realidad es más prosaica y dura, a cada paso que Kaplan y su lugarteniente Wilson Contreras dan hacia lo trágico, el autor suaviza o impide la caída. La falta de fluidez y de definición de la película es probablemente el problema que presenta Mr. Kaplan, hermosa no obstante en otros aspectos como los que se refieren a las correrías de ambos y a sus existencias particulares. El duelo actoral es soberbio y si la lúcida tristeza final de los ojos del señor Kaplan  en la piel de Héctor Nogueras es arrasadora, la fragilidad en la mirada que le devuelve Contreras paraliza el corazón. Néstor Guzzini es un magnífico Sancho Panza que se encuentra buscando en la quimera de su señor Quijote sus propias agallas.

No desea quién esto escribe esperar otros cinco años una nueva película de Álvaro Brechner y mantiene el “Mr” del título original en esta crónica aunque sólo sea porque quitárselo parece una falta de respeto hacia película, director, protagonistas y personajes. Y todos lo merecen.

ANA ÁLVAREZ

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2 Comentarios

  1. Querida Ana: ¡qué placer leerte! No he visto la película, pero desde luego tus textos animan siempre a la visión de las mismas. La descripción del trabajo actoral es impresionante. Acabo de ver el tema del “miedo al olvido”, de “no dejar huella” en Birland y creo que en general eso forma un poco parte de todos nosotros, aunque en algunos esté mucho más marcado que en otros. Y leída tu crítica, tomo nota de director y actores para el futuro. Muchas gracias como siempre.
    Un beso,
    Pilar

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  2. Un placer leerte, Ana. Es un texto solidísimo: parece forjado en hierro más que escrito en Word. No compartimos el mismo amor por la película: a mí me dio la impresión de que Brechner quería gustar demasiado y comprometía el potencial melancólico de la propuesta con un “buenismo” y un afín poético que me fue distanciando de la película. Pero ya sabes que eso es lo de menos: el estilo, la argumentación y la capacidad de hacer visible la película son irreprochables.
    Eres una veterana del curso y este año nos has visitado brevemente: es una gran alegría que tu paso breve por el curso nos haya dejado este texto en el blog.

    abrazos,

    jordi

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