10.000 kilómetros, Carlos Marques-Marcet (2014)

Tú a Los Ángeles, yo a Barcelona

Todavía en cartel –seguramente por la cercanía a los premios Goya (la cinta cuenta con 3 nominaciones: dirección novel y ambos actores, como actores revelación)- esta multipremiada cinta en el pasado Festival de Málaga empieza con un gozoso encuentro sexual entre sus protagonistas. Cuando terminan, él va a la ducha y ella se sienta en el ordenador. Allí lee con asombro que le han concedido una beca para realizar el proyecto fotográfico de sus sueños nada menos que en Los Ángeles. La discusión está servida. Él le recrimina que quiera irse precisamente ahora cuando están intentando tener un hijo – llevan 7 años juntos y ella “no trabaja”, es el mejor momento ya que aún son jóvenes- ella le intenta convencer de la oportunidad única que supone, de lo importante que es para ella y su futuro, que todos sus amigos se han marchado para buscarse la vida fuera, que tener un hijo puede esperar y que es solo un año. Cuando él amenaza con irse, le sigue echando en cara lo bien que están, ella cede. Total puede seguir dando clases de inglés, como todos los extranjeros con la lengua de Shakespeare como materna hacen en este país a falta de otra oportunidad mejor. Finalmente es él quien consiente y en la siguiente escena vemos su apartamento en Los Ángeles a través de las comunicaciones que inician vía webcam para mantener la relación viva.

Ella crece y se desarrolla profesional y personalmente y vemos claramente el cambio a lo largo de la película, mientras que él sigue instalado en la monotonía del día a día, incluso prepara oposiciones sin mucho énfasis, puesto que parece que solo viva para esas conversaciones online. Es evidente el amor entre ellos, pero el amor solo no mantiene una relación y los desgastes son obvios con el paso del tiempo.

La narración de la película se basa mucho en los primeros planos de sus protagonistas y en cortas conversaciones anecdóticas de su vida diaria, algunas mejor contadas que otras, algunas divertidas y otras prescindibles, muy bien definidas en un momento de la cinta como “conversaciones obligadas” debido a la distancia, no las tendrían en una convivencia diaria. A Natalia Tena la descubrimos como una salvaje reformada, Osha, en la serie de Juego de Tronos y recientemente vista en una de las historias del especial de navidad de Black Mirror, aquí este crítico pierde parte de las conversaciones por no entenderla bien. A David Verdaguer no le conocía, pero me gustará volver a verle en la pantalla grande. Las actuaciones de ambos son muy buenas. Siento que no veamos más sus experiencias en Los Ángeles, imagino que porque se filmó en Barcelona y realmente nunca pisaron esa ciudad. Llena de tópicos, como unos cuernos, o como que las mujeres no necesitamos tanto el sexo como los hombres. Voy perdiendo interés conforme pasan los minutos, siento como que me obligan a tomar parte por uno o por otro según convenga con el transcurso de la película. Agradezco el final, abierto a mi entender, y les deseo suerte, a ellos y a todos los que se han visto forzados a practicar “la movilidad exterior”.

Anuncios

1 comentario

  1. Hola, Pilar:

    “10.000 km” es un ejemplo perfecto para ilustrar esa idea en la que he insistido tantas veces en clase: que las películas no SON lo que cuenta, sino que, sobre todo, son CÓMO cuentan. En suma, lo que tiene que esclarecer un texto crítico es esa relación entre el QUÉ y el CÓMO y me temo que aquí sólo has querido atender al QUÉ.

    Vayamos por partes:

    a) en efecto, la película se abre con ese gozoso encuentro sexual del que hablas, seguido, también, de lo que cuentas, que es lo que plantea el conflicto dela película, pero lo realmente revelador y distintivo es que todo eso se cuenta a través de un virtuoso, sutil y muy bien llevado plano secuencia de 21 minutos de duración. Un plano secuencia que a mí, por ejemplo, me impresiona mucho más, por su supuesta “invisibilidad” (es un plano secuencia que no dice “aquí estoy yo”) que las abrumadoras 2 horas de plano secuencia histérico de “Birdman”. Por otro lado, ese recurso formal está perfectamente ligado a los propósitos de la película: no se puede concebir mayor cercanía e intimidad entre dos personajes que se quieren que un polvo y no hay mejor manera de amplificar el trauma de la distancia que abrir con esa continuidad espacial y temporal que permite el plano secuencia. Me entristece, pues, que la única indicación formal que des en esta crítica sea eso de “La narración de la película se basa mucho en los primeros planos de sus protagonistas y en cortas conversaciones anecdóticas”, porque, entre otras cosas, no es cierto. O no es del todo cierto: la forma de la película establece esa dialéctica entre continuidad (plano secuencia) y fragmentación (planos/contraplanos, a veces integrados en el mismo plano gracias al juego de pantallas). El quid de la cuestión no es que esas conversaciones sean anecdóticos, sino el modo en que la película va mostrando, sin forzarla, la sedimentación de una distancia que desembocará en ruptura y en la que la tecnología (el Skype) funciona a la vez como instrumento de aproximación e instrumento de desconexión: es importante cómo la película utiliza expresivamente los delays de comunicación y las interferencias -tecnológicas y de conexión- en el ritmo de los diálogos.

    b) por otro lado, esta frase “Siento que no veamos más sus experiencias en Los Ángeles, imagino que porque se filmó en Barcelona y realmente nunca pisaron esa ciudad” indica que te has negado a entender la mecánica de la película. Es cierto que no estuvieron en Los Angeles, pero, entre otras cosas, porque el propio planteamiento de la película excluía la necesidad de que viésemos los alrededores de la vida de ella allí. Esta es una película de dos voces separadas por 10.000 km y la pantalla que los une y, a la vez, los desintegra.

    c) hablas de tópicos -y no te diré que lo que señalas no sea tópico-, pero también me parece injusto que no valores lo que esta película no tiene de tópico: entre otras cosas, una mirada frontal a la vulnerabilidad sentimental masculina. Lo que exigiría la tradición es que fuera el personaje femenino el que estuviese condenado a la espera… y, con ello, se desmontara como aquí se desmonta el protagonista.

    d) la voz de la crítica: en el texto pasas del plural papal (nos) a una forma de mediación (este critico) para desembocar en una primera persona que, de repente, empieza a hablar de lo que le pasa por dentro y no de lo que pasa en la pantalla (“Voy perdiendo interés conforme pasan los minutos, siento como”/”les deseo suerte”). Tenemos que tener claro desde qué posición escribimos la crítica: este texto parece escrito por tres autores distintos que ni siquiera están de acuerdo. Y ya sabes que cada uno puede escoger el camino que quiera, pero yo tengo especial antipatía por el uso del lenguaje de las emociones en una crítica en perjuicio del lenguaje analítico.

    e) sigue habiendo demasiado rasgos de estilo informativo/periodístico en el texto. No nos importa qué han hecho los actores antes si eso no nos va a servir para el análisis que estamos efectuando.

    f) este tipo de frases no significan nada: “Las actuaciones de ambos son muy buenas”. ¿Cómorrrr? No entremos a valorar la interpretación, si no tenemos manera de describirla, analizarla, revelarla, decir algo original sobre ella.

    un abrazo,

    jordi

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s