“BABADOOK” (2014) – Jennifer Kent

LA MENTE HERIRÍA MÁS QUE 1000 CUCHILLOS

Traspasar la barrera de la realidad expande el campo de la imaginación, pero limita el de la empatía. La creación de mundos o seres increíbles se puede ver contrarrestada por la incapacidad del público para sentirse identificado en los niveles más profundos de su ser. En el ámbito del terror, la balanza oscila entre la vertiente fantástica y la psicológica, dos posibilidades tan válidas como difícilmente conjugables. Babadook (2014, Jennifer Kent) lo intenta, pero la indefinición le gana la partida.

Su nervioso inicio levanta una polvareda que enturbia una narración a la que le cuesta encontrar el punto de estabilidad. En su fría puesta en escena destaca el notorio uso del sonido, más interesado en generar ambiente que en recurrir al susto por explosión auditiva. Una vez que la directora le toma el pulso adecuado a su obra, atmósferas tenebrosamente realistas comienzan a dominar la primera parte de la película, en la que la apuesta por el terror psicológico va ganando fuerza y consistencia. El lado oscuro de ambos personajes principales comienza a asomar, intensificados por la aparición de un siniestro libro que bien podría pertenecer al imaginario gótico de los hermanos Quay.

Situar al monstruo de esta historia como representación de un inconsciente tortuoso supone la idea más acertada de la misma, en la que la tensa disputa entre demencia y fantasía alcanza los momentos más desasosegantes. La realidad invadida por la locura, a modo de reinterpretación del cine de Méliès, o la presencia del mal en los bajos fondos de la aparente normalidad, como prolongación de El fantasma de la Ópera (1925, Rupert Julian), redondean la propuesta y se alejan de la metarreferencialidad gratuita. Pero, al igual que en el cine de David Lynch, estos planteamientos alcanzan su máximo poderío en el campo del subconsciente, del que nunca deben salir.

Es por ello que, cuando la también guionista se decanta por lo sobrenatural, la arquitectura psicológica previamente construida se resiente. Las logradas gotas de explicitud fantástica no compensan los ambientes generados, las preguntas planteadas y las expectativas creadas. Un viraje hacia lo literal que sube las pulsaciones pero baja la profundidad dramática. Una desafortunada elección que se refleja en las apariciones del terrorífico monstruo, cuya indiscutible efectividad es también innegablemente efectista.

Atrás quedan metáforas visuales como un sótano jugando a ser el cuarto oscuro donde esconder los fantasmas interiores, el propio monstruo como inconsciente tenebroso, la superación de traumas que lastran la existencia o incluso la autoaceptación. Lo que en un principio se plantea como depresión derivando en locura autodestructiva propone consecuencias más terroríficas que la posesión sobrenatural finalmente expuesta; decisión que condena a sus personajes a una guillotina conceptual que les amputa esa valiosa complejidad hasta entonces lograda. En esencia, una obra que apunta maneras y deslumbra en buena parte de su metraje, pero cuya literalidad le impide ser más compacta, contundente y, lo más importante, coherente consigo misma.

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4 Comentarios

  1. Hola, Yago:
    Tenía ganas de ver la película y después de leerte me han aumentado. Me da la impresión, quizá me equivoque, de que te ha defraudado en algunos aspectos, que no la consideras redonda, pero sin duda parece que merece la pena entrar en ese mundo, algo oscuro…
    Saludos,
    Estela

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  2. ¡Gracias por el comentario, Estela!

    Me alegra de que saques esa conclusión, porque me he esforzado en transmitir exactamente lo que opino de la película (ya que, en anteriores ocasiones, involuntariamente he causado impresiones excesivamente feroces).

    Sin duda, me ha parecido una película con aspiraciones a notoria. Creo que desaprovecha planteamientos francamente sugerentes y de gran calado, pero, aun así, vale totalmente la pena verla 🙂

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  3. Hola, Yago:

    Po supuesto, todos podemos tener visiones divergentes e incluso enfrentadas ante una misma película, pero me da la impresión de que esta crítica -muy bien escrita y estructurada- se resiente del hecho de que, en su primer párrafo, hayas intentado establecer esa dicotomía que yo (por lo menos) no estoy seguro de que mantenga en la película. Tal y como yo lo veo, no creo que en ningún momento la película abandone esa ambigüedad que, por supuesto, tanto permitiría hablar de una presencia de lo sobrenatural como de un hundimiento subjetivo en la locura. Al parecer, detectas unas claras líneas divisorias en la película que a mí se me escapan.

    Usas dos referencias que tampoco veo demasiado claras -el cine de Méliès, “El fantasma de la Ópera”-. Todo es cuestión de mirada, siempre, pero creo que si de algo no se puede acusar a esta película es de literal.

    un abrazo,

    jordi

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