Timbuktu, Abderrahmane Sissako (2014)

Calcetines y guantes para ellas, metralletas para ellos

“Se prohíbe fumar, se prohíbe escuchar música, se prohíbe jugar al fútbol, las mujeres deben llevar calcetines y guantes. Se prohíbe fumar, se prohíbe…”, repite con un megáfono un militar cubierto completamente con su turbante y armado hasta los dientes, mientras pasea por la tranquila ciudad de Timbuktu, dominada por los extremistas yihadistas. Corre el año 2012 y estos conquistadores extranjeros han venido a imponer las leyes religiosas que adaptan a su amparo y conveniencia abocando a sus habitantes a situaciones tan absurdas como obligar a una mujer que vende pescado a llevar guantes por el simple hecho de ser mujer –en la escena se enfrenta sola a 4 hombres armados con la razón y la fuerza que le da el sentido común, sin preocuparse de su propia seguridad-, o niños a jugar al fútbol sin balón, escena realmente conmovedora; otras situaciones acabarán en tragedias.

Abderrahmane Sissako nos cuenta todo esto sin implicarse en la acción, de forma pausada, como uno imagina la vida por aquellas tierras otrora libres. Mantiene la distancia necesaria que provoca el malestar en el espectador al ver lo irracional de las situaciones en las que se ven metidos estos malienses que son extranjeros en sus propios hogares, resignados y sin imponer resistencia a las humillaciones cotidianas que sufren de estos fanáticos religiosos que no hablan ni siquiera el idioma local ni aceptan sus costumbres.

La fotografía del desierto y de las casas de la ciudad es muy bella; los diferentes marrones y los reflejos del sol en la arena, o en pequeño lago, contrastan con los azules predominantes en uno de los personajes principales, Kidane un touareg que vive acampado con su familia cerca de la ciudad y que vive ajeno a la nueva norma, pero que acabará viéndose afectado de forma fatal.

Prohibida en un pueblo cercano a Paris por “humanizar a los yihadistas”; o en un festival de cine en Bélgica por miedo a un atentado, esta película muestra la hipocresía de los religiosos aquí descritos y debería verse más como una denuncia al fanatismo y como una celebración de la tolerancia. Nominada al Oscar como mejor película de habla no inglesa, pese a cuánto me gustó “Relatos salvajes”, mi voto, si pudiera, sería para Timbuktu.

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1 comentario

  1. Hola, Pilar:

    No he visto la película, pero veo que en este texto sí que has hecho un esfuerzo por explicar el cómo, aunque el párrafo en que te centras en eso me resulta un poco difícil de descifrar: “Abderrahmane Sissako nos cuenta todo esto sin implicarse en la acción, de forma pausada, como uno imagina la vida por aquellas tierras otrora libres. Mantiene la distancia necesaria que provoca el malestar en el espectador al ver lo irracional de las situaciones”. No acabo de entender o que quieres decir ahí y, sobre todo, no consigo ver la película a través de tus palabras.

    También agradezco que, después de esta frase que ha hecho que saltaran las alarmas (“La fotografía del desierto y de las casas de la ciudad es muy bella”), expliques algo de esa belleza, pero, me pregunto, ¿eso es lo que hace bella a la fotografía de la película: un simple contraste cromático?

    un abrazo,

    jordi

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