Big eyes (Tim Burton)


Tal vez algún día veamos en el cine el culebrón del pequeño Nicolás pero, si eso no sucede, la última película de Tim Burton nos brinda la oportunidad de conocer una historia similar, basada en la vida de Walter y Margaret Keane en los años 50 y 60.

Walter y Margaret son un matrimonio de recién casados. Su matrimonio se nos revela desde el principio como un potencial fracaso, pues se nos presenta fundado sobre el sentimentalismo y el engaño, y además se verá culminado por una espectacular farsa. Él es un maestro de la picaresca, un donjuán que se gana la vida aprovechándose de los otros, y cree que con el dinero va a hacer feliz a su esposa; ella, ingenua, va más allá en sus expectativas y sufrirá una decepción progresiva, cayendo poco a poco en una sumisión que no se atreve a romper. Margareth verá cómo su marido se va adueñando de su firma artística para beneficio propio hasta llegar a robarle la personalidad, situación que la bloquea por completo. Ella tiene el talento que él no, y él, la caradura y la picaresca que ella no; conmueve la contraposición, cinematográficamente muy lograda.

Quizá el fuerte de la película sea la capacidad de profundizar en la psicología de los personajes, que nos es perfectamente comunicada. La película es en el fondo la historia de un matrimonio frustrado; la historia, sobre todo, de la soledad de ella. Los actores (Christoph Waltz y Amy Adams) están excelentes en la caracterización; a este respecto resulta muy interesante cómo la película retrata el proceso de enajenación y corrupción de él: cómo se miente a sí mismo y cómo, en una degeneración paulatina, llegará a la locura. La historia nos genera un creciente deseo de justicia a medida que avanza, hasta llevarnos a la resolución final.

Junto a los factores psicológicos, que quedan magníficamente reflejados, nos ayuda plenamente a insertarnos en la película lo logrado de su retrato del ambiente de la época: la vanidad en el mundo del arte, la vida diaria de un Estados Unidos próspero… La película goza de buen ritmo, oportunos toques de humor, giros bien llevados y un toque surrealista que le da aún más brillo, pues el estilo enigmático de los cuadros, con su temática de niños, misterio, ojos grandes y melancólicos, casa muy bien con la estética y el toque personal de Tim Burton.

Alejandro

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1 comentario

  1. Hola, Alejandro:

    Veo que te ha gustado muchísimo más que a mí esta película que yo he recibido como un auténtico jarro de agua fría. La película que ha hecho Burton responde, efectivamente, a lo que dices, aunque yo matizaría bastante lo de la profundidad psicológica de los personajes y, también, lo de la ambientación de la época, que me parece demasiado condicionada por cierta estilización/infantilización burtoniana.
    El caso es que “Big Eyes”, en realidad, tenía otro potencial muy distinto al de contar la historia de un engaño modelo “pequeño Nicolás”, porque el fenómeno de los cuadros de Margaret Keane, más allá de la picaresca del marido apropiador del talento ajeno, generó un debate artístico muy interesante en la época. Fue un fenómeno de consumo de arte profundamente criticado por el establishment artístico de la época, tal y como se ve parcialmente en la película a través de la figura del crítico que encarna Terence Stamp. Al convertir todo esto en una historia de marido malo y esposa buena, al final Burton aparca las posibilidades del debate artístico: es decir, los cuadros Keane sólo son bazofia, para Burton, cuando se los apropia el marido, pero, en la resolución final, su naturaleza conflictiva queda aparcada porque son obra del hada buena y maltratada de la película.
    En este caso, además, hubiese sido necesario mencionar al tándem de guionistas, que también firmaron los textos de “Ed Wood”, “El escándalo Larry Flint” y “Man on theMoon” y cuya especialidad es, por así decirlo, el biopic excéntrico o trash. Aquí o bien Burton malinterpretó lo que podía hacer con ese guión o bien los guionistas ya estuvieron en horas bajas pero este trabajo desmerece bastante del talento de uno (el director) y otros (los guionistas).

    un abrazo,

    jordi

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