“Si vas a escribir sobre mí, di que es difícil ser un dios”

El pasado miércoles se proyectó en Madrid “Qué difícil es ser un dios”, la última película de Aleksey German. Este fue uno de los dos únicos pases programados en la capital contando, tan solo, con dos salas más en toda España para el visionado de la misma. “Qué difícil es ser un dios” adapta la novela homónima de Arkadiy Strugatskiy y Boris Strugatskiy, responsables de la novela que tiempo atrás dio lugar a “Stalker” de Tarkovsky.

Escrita en 1964, “Qué difícil es ser un dios”, retrata la realidad de Arkanar, otra “tierra” habitada por “humanos” anclados en una Edad Media donde Don Rumata, un explorador llegado de la Tierra del futuro, es tratado como un dios, y soporta la premisa de no poder interferir en los acontecimientos que allí transcurren. Las similitudes políticas y sociales con el contexto en la que nace la novela sitúa esta película en el terreno de la crítica social, un mecanismo propio de la ciencia ficción, y que se sirve aquí de complejos y largos planos secuencia, con encuadres saturados de objetos, personas y vísceras, para sumergir de lleno al espectador en la tangible y asfixiante atmósfera de Arkanar. Desde la primera escena a modo de lente que difumina los márgenes exteriores del plano, es imposible abandonar el rol de “observador” compartiendo el mismo destino que los exploradores del futuro y participando de la experiencia de asomarse por un microscopio y sentir la sordidez, estupor e incomodidad de unos habitantes que constantemente miran a cámara, incrementando la inmersión y el desasosiego de las atrocidades que recoge.

Si los paralelismos sociales entre realidad y ficción eran obvios y evidentes en el momento de su escritura, ahora la película vuelve a encontrarse con arraigadas identificaciones sociales: una persecución de lo cultural e intelectual por parte del poder establecido mediante la represión y el castigo institucional. La falta de apuesta por el estreno de “Qué difícil es ser un dios”, y otras películas como “Under the skin” (cuyo único pase en España fue en el festival de un canal de ciencia ficción, habiendo sido reconocida por la crítica internacional como una de las mejores películas del año pasado), dan muestra de que nuestros “Grises” se topan con que no hay un lugar para ellos en el actual blanco y negro que gobierna las decisiones políticas sobre lo artístico y cultural (la nueva ley de educación de la enseñanza obligatoria que entra en vigor el próximo curso, suprime un significativo número de horas de las enseñanzas relacionadas con el arte, la música, la educación plástica e incluso de historia).

German ofrece un panorama desolador, cruel y brutal, esta vez sin enfrentarse a la censura, pero topándose con una realidad que ya avecinaba Susan Sontag cuando mostraba su preocupación al hablar de la decadencia del cine, revelando que la verdadera preocupación se encontraba en la relación que establecen los espectadores con el propio cine, y no tanto en el declive de lo cinematográfico. Sin entrar en profundidad a diseccionar la relación entre la cinefilia, la crítica y el público mayoritario como acaba de publicar Cuadernos de cine en el Gran angular de este mes, cabe mencionar que existen referencias vivas que ilustran este debate en las salas, como es el caso de la falta de distribución de determinadas películas, la estrepitosa recepción de films como los aquí mencionados en los minoritarios cines, o el destierro a museos y galerías de materiales audiovisuales de difícil tipificación.

No obstante, he aquí “Qué difícil es ser un dios”. Tras una década de realización sale a luz, y se filtra hasta llegar lo más lejos posible. Sin neutralidad, avasallando. Sin dejar indiferentes a espectadores y críticos, sirviéndose de mecanismos que combaten ese embrutecimiento del que nos hace testigos, convirtiendo en imágenes las afiladas palabras de los hermanos Strugatskiy, y situándonos en el plano contrario de los sumisos y esclavos “arkanarnianos”, porque si algo permite esta película es otorgarnos impactantes imágenes con las que libremente sentir y pensar.

Cristina Aparicio

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2 Comentarios

  1. BRAVO!!!!! Querida Cristina, cuánto te echaba de menos!!! Qué placer volver a leerte, muchas gracias por este magnífico texto tan bien contextualizado en la realidad de hoy en día llena de “grises” y de mentes cerradas en nuestras instituciones.
    Cómo siento no haber podido ir a ver la película, ya nos lo adelantó Jordi, pero tú nos lo has contado con mucha claridad y con estupendas referencias.
    Un beso,
    Pilar

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  2. Me sumo al bravo que te ha dado Pilar. es un texto realmente modélico, en el que contextualizas la novela de partida, desvelas muy bien el contenido y la forma de la película y, finalmente, todo ello te sirve para elaborar una reflexión sobre el estado de la cultura ahora mismo -con especial atención a las circunstancias de exhibición de esta película en España-. Mis mayores y mejores enhorabuenas por esta crítica.

    un abrazo,

    jordi

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