A esmorga, Ignacio Vilar (2014)

La gran parranda

“No hay esmorga sin mujer” exhorta Bocas de forma insistente a sus dos amigos de parranda casi al final de las 24 horas de correría etílica por tierras Orensanas que relata este film. En ese tiempo recorren las tabernas y lupanares de la zona presentándonos las miserias de la Galicia rural de los años 50, en plena época franquista,  durante un invierno oscuro y lluvioso donde parece que la única forma de entrar en calor es a través del vino y el aguardiente.

Película basada en la novela del célebre escritor orensano Eduardo Blanco Amor del mismo título publicada en 1959 mientras vivía en Argentina. Ya tuvo una primera adaptación cinematográfica a cargo de Gonzalo Suárez en 1977 protagonizada por José Sacristán, José Luis Gómez y Antonio Ferrandis. Ignacio Vilar dirige a los protagonistas de esta nueva versión: Miguel de Lira, Karra Elejalde y Antonio Durán ‘Morris’, interpretando respectivamente a Cibrán, Bocas y Milhomes.

Cibrán habla a cámara en la primera escena del film contando a un juez lo ocurrido durante esa borrachera sin final, llena de pobreza, suciedad, alcohol, putas, navajazos, vomitonas,  demonios interiores, más alcohol, mucha lluvia y sobre todo una encubierta homosexualidad que el alcohol ayuda a liberar con todo lo que eso puede suponer en ese cerrado y lúgubre ambiente de la época.

Las actuaciones son muy poderosas, sufro con los actores y me emborracho con ellos, hasta me duelen los sabañones de Cibrán y le acompaño en su delirium tremens. Huelo el estiércol y la humedad de la lluvia, pero a veces me pierdo con los subtítulos que  no muestran la traducción completa; me molesta el constante uso de la música de piano de fondo, me parece muy recurrente y cansina. No entiendo cuántas tabernas y prostíbulos puede haber en tan pocos kilómetros a la redonda, ni cómo se puede empezar a beber tan temprano y sobre todo, seguir bebiendo sin derrumbarse, pero sé que eso es solo cosa mía. La ambientación está realmente muy cuidada, lo mismo que la fotografía y sobre todo las interpretaciones.

El resultado es un retrato desasosegante de unos amigos que pese a moverse sin parar, nunca van a ningún sitio.

Pilar Oncina

Anuncios

1 comentario

  1. Hola, Pilar:

    me gusta mucho tu crítica y aprecio especialmente que contextualices tan bien el material de partida, hablando tanto de la novela como de la “Parranda” de Gonzalo Suárez. No obstante, en el último tramo adoptas una deriva emocional que me recuerda a un estilo de críticas que ya hemos comentado en clase y del que no soy muy partidario. Me refiero a fragmentos como este: ” sufro con los actores y me emborracho con ellos, hasta me duelen los sabañones de Cibrán y le acompaño en su delirium tremens. Huelo el estiércol y la humedad de la lluvia, pero a veces me pierdo con los subtítulos que no muestran la traducción completa; me molesta el constante uso de la música de piano de fondo, me parece muy recurrente y cansina”. Ya sabes que me gusta mucho más leer lo que reflexiona un crítico que lo que siente. También me parece un poco perezoso lo que viene después: lo de la ambientación y la fotografía “cuidadas” y las interpretaciones. Suelo insistir en que decir esas cosas es casi no decir nada: es necesario transmitir al lector cómo es esa ambientación, encontrar otras palabras para definir esa fotografía, analizar orgánicamente las interpretaciones, etc…

    un abrazo,

    jordi

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s